La OPEP recorta con fuerza su previsión de demanda de petróleo por el coronavirus

13/02/2020 EL PAÍS

Era solo cuestión de tiempo. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) ha confirmado este miércoles un secreto a voces y que los mercados llevan semanas anticipando: que la demanda global de petróleo ya está sufriendo el golpe del coronavirus, en buena medida por las cancelaciones de vuelos. El cartel ha reducido el incremento previsto del consumo global de crudo para el conjunto del año en 230.000 barriles diarios, dejando el aumento final en menos de un millón de barriles por día: una merma de casi la quinta parte de lo esperado hasta ahora.

El efecto de la epidemia detectada en China, que ya se ha propagado a otros países y que arroja una cifra de fallecidos superior al millar, será especialmente significativo en la primera mitad de 2020, aunque la OPEP no descarta que pueda extenderse más allá de ese periodo. En los tres primeros meses del año, la merma en el crecimiento previsto de la demanda será de 440.000 barriles diarios, aproximadamente la tercera parte del aumento proyectado hasta ahora, según las cifras publicadas en el último boletín mensual del ente. El aumento de la incertidumbre sobre el impacto real del virus sobre el crecimiento mundial llevó el lunes al barril de crudo Brent (el de referencia en Europa) a su nivel más bajo en un año. Con todo, en las dos últimas jornadas el precio del crudo se ha recuperado levemente hasta el entorno de los 55 dólares por barril. Cuestión de expectativas.

La organización con sede en Viena no se anda con rodeos a la hora de repartir responsabilidades por el recorte en la demanda prevista para 2020. “La principal razón tras esta revisión es el brote de coronavirus y su esperado impacto en la demanda de petróleo de China y, por extensión, del mundo”, apuntan los técnicos de la OPEP. La secuencia es, grosso modo, la que sigue: el coronavirus afecta a la demanda agregada y, sobre todo, al transporte, y ambos factores presionan a la baja la demanda de energía a China. Y, dado que el peso del gigante asiático se ha multiplicado en las últimas décadas —hasta rivalizar con Estados Unidos por la etiqueta de primera potencia mundial—, la incidencia de sus altibajos se magnifica. “En los últimos años, el combustible para transporte, y especialmente el de aviación, ha sido un factor importante para el crecimiento de la demanda china. [Y] el reciente brote de coronavirus afectará inevitablemente a la demanda de petróleo, particularmente en la primera mitad de 2020”, apunta la OPEP. “Es probable que el virus también tenga un impacto significativo sobre el sector industrial (…) y el desarrollo de los acontecimientos en China requiere una monitorización constante para calibrar sus implicaciones”. Una mínima buena noticia, aunque transitoria, en la lucha contra la emergencia climática.

China explica la mayor parte de la caída en la demanda mundial prevista para el primer semestre: el segundo máximo consumidor global —solo por detrás de EE UU— reducirá su consumo en 200.000 barriles por día y cerrará 2020 quemando más de un 1,7% más crudo que un año antes, un punto porcentual menos de aumento respecto a un 2019 marcado por la guerra comercial. Los países industrializados de Europa, por su parte, reducirán levemente (un 0,33% su demanda de crudo), una pauta que poco tiene que ver con el coronavirus de Wuhan y sí mucho con las políticas de sustitución de combustibles fósiles por energías renovables. El contrapunto lo pone América Latina, donde la demanda de crudo escapará del estancamiento de sus principales economías, con una subida del 1,75%, y ayudando al consumo mundial de crudo a superar los 100 millones de barriles diarios en 2020, un 1% más que en el año recién terminado.

La nueva cifra de demanda esperada ve la luz en pleno tira y afloja entre Arabia Saudí —líder de facto del cartel— y Rusia, su principal aliado fuera de la OPEP, para tratar de pactar un nuevo recorte de 600.000 barriles diarios en los bombeos. El objetivo: evitar un desequilibrio mayor entre oferta y demanda que lastre aún más los precios. Cabe recordar que ambas partes acordaron en diciembre pasado una reducción 1,7 millones barriles diarios para este año, redoblando los recortes respecto a los 1,2 millones pactados el año anterior ante el empuje del fracking estadounidense —que ya es el primer productor mundial—. Si ya había dudas sobre la magnitud de la cifra —si era o no suficiente—, ahora se suma un nuevo factor de descompensación entre las dos fuerzas del mercado. Un argumento más para Riad en su batalla por profundizar en su política de recortes: a los actuales niveles de precios, y aun cuando la mayoría de pozos siguen siendo rentables, Arabia Saudí y otros países petroleros siguen teniendo que hacer encaje de bolillos año tras año para cuadrar sus cuentas públicas.

 

Política de privacidad Aviso legal Política de cookies