La nueva crisis del petróleo: el virus llevó el consumo global a niveles inéditos desde 1969

31/07/2020 EL CONFIDENCIAL

El pasado 20 de abril nos encontramos con una situación absurda. El precio del petróleo había descendido hasta situarse en los -37 dólares por barril. La explicación no era tan sencilla como los titulares insinuaban —no se aplicaba al clásico barril de Brent, solo a una mezcla llamada West Texas Intermediate que habitualmente se vende a futuros y suele almacenarse en Cushing, Oklahoma. Debido a la brutal caída de la demanda, nadie se estaba llevando ese petróleo de allí y la capacidad de almacenamiento se agotó, por eso el precio cayó por debajo de cero: ese día, era menos costoso para los operadores vender a un precio negativo esos 150 millones de barriles que pagar por almacenarlo en otro sitio— pero todo indicaba que el consumo global de combustible estaba sufriendo unas convulsiones nunca vistas en el último medio siglo.

Aquel día, el propio barril de Brent, que suele aceptarse como el precio global del petróleo, se despeñó por debajo de los 20 dólares cuando en febrero rozaba los 60.

Del petróleo se extraen muchos tipos de combustibles diferentes, desde las gasolinas empleadas en los automóviles al queroseno de los aviones o el fuelóleo que propulsa los barcos de mercancías. Todos han sufrido una parálisis global a raíz de la pandemia, aunque en algunos casos ha sido más devastador que en otros. Según explica Fernando Prieto, director del Observatorio de Sostenibilidad, a El Confidencial, “ni gasolinas ni querosenos habían tenido nunca registros tan bajos, con series que comprenden desde 1969, es decir ni siquiera en la Crisis del Petróleo”.

Surtidores de gasolina cerrados en una estación de Londres. (EFE)

Esta crisis se remonta a 1973, cuando la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo cortó el grifo a aquellas naciones que habían apoyado a Israel en la guerra del Yom Kippur contra Siria y Egipto. Como resultado, en Estados Unidos y Europa el precio del crudo subió, su consumo global cayó y la economía se desplomó. Ahora la situación es muy diferente, aunque algunos de los ingredientes del desastre sean similares.

“Hasta el 1 de mayo las emisiones de gases de efecto invernadero en España descendieron un 18,31% a causa de la pandemia y el confinamiento”, explica Prieto, uno de los autores de un informe que analiza el efecto del coronavirus para nuestro país y las oportunidades que genera para una recuperación más sostenible. “Se trata del mayor descenso experimentado en la historia desde la Guerra Civil”.

Gasolina

La gasolina tocó techo en agosto de 1994, cuando según datos recopilados por la Corporación De Reservas Estratégicas De Productos Petrolíferos (Cores) se consumieron 966.000 toneladas. En este mes de abril el consumo de gasolina fue de apenas una décima parte de aquello, 97.382 toneladas.

Incluso con los datos de mayo, cuando el consumo se recuperó algo más para alcanzar las 195.000 toneladas, sería necesario retrotraerse hasta abril de 1969 para encontrar una cantidad similar de gasolina a nivel mundial.

Queroseno

El queroseno es el combustible por excelencia de la aviación y durante esta epidemia de SARS-CoV-2 el aeropuerto español que más ha despuntado ha sido el de Teruel, lugar estratégico de aparcamiento de cientos de aeronaves, muchas de ellas aún sin utilizar. De entre todos los combustibles la caída más brusca ha sido la del queroseno.

Su anterior récord negativo fueron las 103.554 toneladas de mayo de 1969. Este mes de abril registró 39.498 toneladas, menos de la mitad de lo que se consumía hace 51 años, encima en un contexto en el que el queroseno venía batiendo récords en verano, año tras año. En julio de 2019 alcanzó un tope de 698.470 toneladas. La situación en Estados Unidos o las restricciones al turismo se ciernen sobre las pocas esperanzas de remontada del sector de la aviación.

Fuelóleo

Aunque todos los combustibles siguen una dinámica similar de aumento, caída en torno a 2012 debido a la recesión y tímida recuperación desde entonces para llegar a máximos, el fuel es el único que sale de esta tendencia. El uso de este combustible ha ido reduciéndose desde que tocara techo en enero de 1981, época en la que se despachaban más de dos millones de toneladas mensuales.

Sin embargo cada vez más aplicaciones industriales o de calefacción han ido reduciendo la utilización de este combustible pesado, que prácticamente ha quedado para impulsar el transporte marítimo.

Así, el consumo global de ‘fuel oil’ en mayo de 2020 fue de 439.796 toneladas, una cifra nunca vista en más de medio siglo. Para aproximarse a una cifra tan baja de consumo hay que remontarse a agosto de 1985, cuando superó por poco el medio millón de toneladas.

Gasóleo y GLP

Aunque los coches diésel parecen tener un estigma desde el escándalo Volkswagen y las tasas que muchos países han puesto al combustible, el gasóleo lleva años en un ascenso meteórico por su poder calorífico, específicamente para calefacción doméstica, agua caliente o uso industrial.

El producto tocó techo en 2007 con más de 3,3 millones de toneladas mensuales y en los últimos años post-crisis iba encaminado de nuevo al podio. En enero de este año sobrepasó los 2,8 millones pero el virus y el confinamiento detuvieron esta progresión.

Para ver un consumo de gasóleo así en un mes de abril (1,6 millones de toneladas) habría que echar la vista atrás 23 años, hasta 1997.

Uno de los combustibles que las petroleras han reposicionado como una alternativa más verde al diésel es el gas licuado del petróleo o GLP, que es también el componente principal del butano o el propano. Por su uso para calefacción, su consumo suele tocar techo en diciembre-enero, siendo el de 1992 su récord histórico del último medio siglo con 345.000 toneladas, y fondear en verano.

En este caso, el coronavirus asestó un duro golpe al GLP. Entre marzo y mayo de 2020 pasó de despachar 246.189 a 102.391 toneladas, si bien este carburante no ha llegado a tocar fondo histórico. Este se produjo en septiembre de 1992, con un consumo de 76.165 toneladas. Claramente, los combustibles asociados con la calefacción han sufrido mucho menos los envites del virus que aquellos relacionados con la movilidad.

 

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